“Si un actor mayor aprendió a actuar de manera real y verdadera en los años previos a los 50, será como un árbol que, aunque se torne retorcido y nudoso tendrá la capacidad de producir flores verdaderas”. Zeami

Del 3 al 8 de octubre del 2020 se realiza en Bogotá la segunda edición del Festival La Flor del Actor, un festival internacional de teatro que destaca en especial la figura de Actores y Actrices de gran trayectoria creativa e incidencia pedagógica en el panorama escénico internacional. En este 2020 ante la imposibilidad de realizar eventos presenciales con público en vivo a causa de la emergencia sanitaria por la Covid -19, realizaremos un festival virtual, sosteniendo el formato de nuestra programación compuesta por Actos de Homenaje, Presentaciones Artísticas y el Foro Teatro, Herencia y Memoria. Los Hombres y mujeres que con profundas raíces de renovación y resistencia han permanecido sobre el escenario y en espacios formativos durante tres, cuatro o cinco décadas de su vida, son actores y actrices que trasladan en sus cuerpos el legado escénico del siglo XX al teatro contemporáneo del siglo XXI. Estos hombres y mujeres están vivos y ¡En Escena¡, entonces hacemos un festival, una fiesta de la ternura, para ofrecerles homenaje y celebrar su Vida y su Obra. Zeami, el gran maestro japonés de Teatro Noh del siglo XIV, nos inspira para dar nombre a este Festival. En sus tratados escribió sobre La Flor del Actor, refiriéndose al encanto o carisma personal de un actor en escena. Estableció comparaciones entre las edades del actor y las flores de las estaciones del año. Ante la naturaleza efímera de las flores de estación, y la fugacidad de las edades humanas, concluye que solo una Flor Autentica puede permanecer desde la infancia hasta la vejez, y es aquella Flor que brota con delicado y conmovedor encanto desde interior del actor y la actriz. Es flor única, es flor personal y supera toda belleza física o destreza técnica vigorizándose con el paso de los años a través del ejercicio creativo permanente y la transmisión del oficio. El festival La Flor del Actor apunta a la memoria escénica. Memoria que pasa entre generaciones y va dibujando un “mapa fragmentado “del inconsciente teatral. No es tarea fácil identificar la “cartografía” de la herencia escénica, quizás porque el teatro navega por ríos de memorias fracturadas, ríos rasgados por guerras, dictaduras y estallidos sociales a todo lo largo del siglo XX y lo que va del XXI, que han abatido y fragmentado también a los artistas escénicos y sus creaciones.En este 2020, la pandemia acerca al millón el número de vidas cobradas en todo el planeta, a la catástrofe se suma el recrudecimiento de las guerras, los asesinatos escalofriantes, el hambre, el aumento de las restricciones de la libertad individual y social, el avasallador sistema de vigilancia, la imposibilidad de abrazarse. Mientras la oscuridad avanza, los teatreros lanzan su luz en las redes, luchando por sostener con dignidad la bandera de la creatividad.  Se nos han ido este año varios colegas: el maestro Santiago García, padre escénico del teatro colombiano; el actor y fundador del Teatro La Candelaria Fernando Mendoza, el inolvidable “Piyó”; olvidado en un ancianato de Jamundí partió recientemente Efraín Giraldo Obando “Zuro”, uno de los fundadores del movimiento de títeres de Cali; también el maestro titiritero Eduardo Arévalo, de Norte de Santander, viajó hace poco al cielo de los actores. A ellos el festival ofrece un último y sentido aplauso. ¿Cuáles son las herencias escénicas de los últimos 50 años? ¿Quiénes han legado estas herencias? ¿De dónde proceden el inconsciente escénico del siglo XXI? ¿Desde cuándo hacemos “teatro contemporáneo”? El festival La Flor del Actor surge a la luz de estas preguntas y bajo la sombra de sus respuestas. Entonces en Bogotá tenemos un Octubre de Grandes Actores y Actrices con una programación de obras en Video/ Teatro de destacadas agrupaciones y artistas.