diciembre 12, 2018

Información general

Festival Flor del Actor

“Si un actor mayor a aprendido a actuar de manera real y verdadera en los años previos a los 50, aunque el árbol sea retorcido y nudoso todavía tendrá la capacidad de producir flores verdaderas”.
Zeami

“La Flor del Actor”, es un Festival internacional de Teatro con sede en la ciudad de Bogotá, que tiene como objetivo destacar y ofrecer tributo a actores y actrices de gran trayectoria creativa e incidencia pedagógica desde la transmisión del oficio en el panorama escénico internacional.

En su primera edición La Flor del Actor se realizara del 3 al 8 de noviembre del 2018, con lo cual el mes 11 del año queda bautizado en Bogotá como “Noviembre de Grandes Actores” al ofrecer homenaje a 16 actores y actrices del teatro mundial procedentes de 6 países invitados: Perú, España, Ecuador, Brasil, Dinamarca y Colombia. Son 11 grupos, 11 obra y 11 funciones.

La programación incluye eventos pedagógicos para la ciudadanía a través de 5 clases magistrales y un foro con entrada gratuita titulado “Teatro, Herencia y Memoria“, con la participación de los artistas homenajeados.

Zeami, el gran maestro japonés de Teatro Noh del siglo XIV, en sus tratados escribió sobre La Flor del Actor, refiriéndose al encanto o carisma personal de un actor en escena y estableció comparaciones entre las edades del actor y las diversas flores de las estaciones del año. Denominaba La Flor Natural aquella que corresponde a la infancia y la adolescencia, flor que viene y se va cuando se llega a la adultez. Flor pasajera también seria aquella que impacta por la energía, la destreza técnica y la belleza física de la juventud, que se pierde al llegar la vejez. Ante la naturaleza efímera de las flores del actor concluye Zeami que solo una flor es auténtica y verdadera y capaz de perdurar en todas las edades, y es aquella Flor que nace del encanto delicado y conmovedor que proviene del interior del ser convirtiéndose en la única Flor del Actor que supera toda técnica y se mantiene viva y fresca con el paso de los años, vigorizándose con la transmisión y practica permanente del oficio. Zeami refería que la verdadera flor del actor, si ha aflorado oportunamente y si el actor continúa en ejercicio, permanecerá hasta la edad de la vejez. Escribió que “Si un actor mayor a aprendido a actuar de manera real y verdadera en los años previos a los 50, aunque el árbol sea retorcido y nudoso todavía tendrá la capacidad de producir flores verdaderas”.

Los Hombres y mujeres que con profundas raíces de renovación y resistencia han permanecido sobre el escenario y en espacios formativos durante 4 o 5 décadas de vida, han esparcido semillas que germinan como flores de teatro, flores que se heredan y se transmiten en los más variados y disímiles campos escénicos del teatro contemporáneo.

Un actor, una actriz de teatro con más de 30 años en escena que continua en el ejercicio de su arte y en la transmisión de su oficio, en interacción permanente con los cambios sociales, estético y artístico de la época en que vive, es un artista en dialogo con los lenguajes contemporáneos, y al mismo tiempo una fuente de memoria viva, un legado y una herencia artística para las jóvenes generaciones.

En el siglo XXI, aquellas producciones que comúnmente suelen identificarse como “teatro contemporáneo”, parecen sostener en su esencia , las herencias escénicas del siglo XX ,un siglo en el que se vivió la ruptura de antiguas estructuras dramáticas, temáticas novedosas que involucran hechos políticos y sociales y el surgimiento de investigadores escénicos de occidente que descubren nuevos caminos para el arte del actor en las antiguas manifestaciones teatrales del Oriente, como Jerzy Grotowski desde finales de los años 50 del pasado siglo. En esta vía, quizás el legado más perdurable del teatro occidental sea el fenómeno del Odín Teatret, bajo la conducción de Eugenio Barba, que continua haciendo “teatro contemporáneo” 53 años después, estrenando espectáculos nuevos cada año, fomentando espacios formativos a los que acuden jóvenes de todo el mundo, ávidos de aprender nuevos caminos con artistas-maestros mayores, cuyo director y principal impulsor cuenta ya 82 años.

El festival La Flor del Actor, es un evento que apunta a la memoria y busca identificar herencias escénicas a través de actores y actrices que con su labor creativa y pedagógica han ido trazando caminos de enseñanza, que son fuentes y referentes del teatro de las últimas cuatro o cinco décadas en el panorama escénico mundial. Memorias que se heredan entre generaciones dibujando una especie de “mapa fragmentado” del inconsciente teatral. La “cartografía” de la herencia escénica es un hecho difícil de identificar, quizás porque el teatro navega por ríos de memorias fracturadas, ríos rasgados por guerras, dictaduras y estallidos sociales a todo lo largo del siglo XX y lo que va del XXI que han abatido y fragmentado también a los artistas escénicos y sus creaciones.

¿Cuáles son las herencias escénicas de los últimos 50 años? ¿Quiénes han legado estas herencias? ¿De dónde proceden las herencias del inconsciente escénico contemporáneo en el siglo XXI? ¿Desde cuándo hacemos “teatro contemporáneo”?. El festival La Flor del Actor surge a la luz de estas preguntas y bajo la sombra de sus respuestas.